© 2019 Silvia González Delgado

Movimiento #MeToo

 

 

 

A mí también”. Con este  hashtag se despertó un movimiento que dio valor a las mujeres acosadas o violadas para denunciar a sus agresores en las redes sociales, principalmente Twitter.

Todo comenzó cuando una actriz americana, Alyssa Milano,  leía la noticia en el New York Times sobre el acoso que el productor Hollywoodense,  Harvey Weinstein, había hecho a algunas actrices,  y se le ocurrió proponer en su cuenta de Twitter que toda aquella mujer que fue acosada o violada expusiera su historia en las redes o simplemente el hashtag: #MeToo. La petición se hizo viral y cientos de seguidoras y mujeres  del espectáculo comenzaron a narrar sus historias.  Como estaban involucradas bellas de la farándula y el magnate Weinstein  quien ha producido cientos de películas como El Cartero, Scream, Spy Kids, Apolo 18, El Discurso del Rey, The Founder, además de ser fundador de Miramax y copropietario de Weinstein Company, el movimiento se hizo global.  

#MeToo no es de reciente creación nació a finales del siglo pasado POR  una activista social americana, de origen africano, de nombre Tarana Burke que cuando conoció la historia de una chica violada no supo qué hacer y solo pensó en decirle: a mí también; ella con el tiempo creo una fundación para ayudar a estas jóvenes a salir adelante. Hoy #MeToo tiene más de dos millones de réplicas en ochenta y cinco países.

#MeToo está en auge en el mundo, con manifestaciones en cada ciudad;  las mujeres mexicanas lo hemos recibido con lentitud, aquí primero queremos justicia para los feminicidios y la pornografía infantil, porque  México es todavía, en su mayoría, un país patriarcal; es fácil en las ciudades manifestarnos, exigir nuestros derechos y lograrlos, pero son las indígenas las que  padecen un machismo  exacerbante,  a veces perpetuado por ellas mismas porque  ni  siquiera atisban que existe otro modo de vida y que la ley las protege; tal vez  porque esa ley está escrita en libros, pero  no es llevada a la práctica.

 

#Metoo como todo movimiento tiene sus detractores tal cual sucedió en Francia donde actrices de gran talla defendieron al productor Harvey Weinstein, quien tiene un currículo más que admirable y una fortuna tan grande como para sacar a un pueblo mexicano de pobre, diciendo que algunas actrices se les insinúan a los productores con tal de lograr la fama, lo cual no lo dudo, el género femenino es prodigioso y de todo da la mata.  Sin embargo el movimiento llegó a la Euro cámara, donde sí me parece terrible que estas mujeres congresistas, dueñas del mundo, con dinero, voz y voto, hayan sido víctimas del acoso o abuso sin denunciarlo puesto que ellas conocen y se mueven entre leyes; esto nos habla de que tan profundo es el miedo femenino a denunciar a un agresor sexual. Según informes de la FRA, Agencia Europea de Derechos fundamentales el 50% de las mujeres en la Cámaras Europeas han sido acosadas. Números duros que parecen iniciar una cacería de brujos.

 

Así que usted, amable lector o lectora si tiene o conoce una historia de abuso puede unirse a #MeToo, vaya a su cuenta de Twitter ponga el hashtag #MeToo y lea las miles de historias o cuente la suya, pero antes de hablar sobre usted recuerde que lo que sucede en las redes en las redes se queda, esto por las preguntas que su denuncia va a formular en amigos y familiares; es muy benéfica  la catársis del abuso, pero hacerlo mediático tiene sus esquirlas, tenga cuidado.

 

Ahora bien, si usted quiere apoyar a los hombres  únase al movimiento #notodosloshombres. Creo que con este movimiento surgirán otros, y  por supuesto nuevas palabras en nuestra complicada sociedad como  por ejemplo el término  Justicia Restaurativa,  que significa pedir perdón y resarcir el daño hecho  pues en algunos casos de abuso o acoso  el agresor alega que fue  producto de su confusión,  de la ignorancia, de la inmadurez o el alcohol y desea más que nada ser perdonado por la victima.  También existen  los casos de acoso de las mujeres a los hombres. Y es que las razones del acoso son tan variadas como huellas digitales, pero ponerles voz es un avance.

Indiscutiblemente, este es el siglo de la mujer y nos esperan grandes cambios, todos con efectos colaterales.

 

NAMASTE

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