© 2019 Silvia González Delgado

¿Qué es el socialismo?

 

La búsqueda de una filosofía efectiva para que germine una sociedad sin grandes diferencias económicas ha devanado los sesos de los sociólogos, los economistas, los políticos y los líderes religiosos.

 El problema con el ser humano es su evolución constante, lo que funciona hoy, mañana será inservible, por eso llama la atención que el Socialismo, creado por Marx en 1848, hace 170 largos años, renazca como ave fénix en la cabeza de los idealistas que se creen salvadores de los pobres.

 

 Pero los capitalistas racionales tenemos un punto a favor:  la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la URSS.  Es catártico ver el video de hace 26 años, en 1991, donde un cansado Gorbachov, último presidente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, estampa su poderosa firma y da fin a este experimento de administración humana: “no pude, simplemente, reinar, liberé, política y espiritualmente, a mi gente para que prosperara en lo económico; por eso permití elecciones, di libertad de prensa y de propiedad”, dice con la cara larga. Agregó que estos eran sus sueños, pero no pudo seguir con la incongruencia de un sistema que se decía demócrata igualitario, pero esa igualdad estaba sustentada en las armas de sus militares.

Hace 170 años Marx escribió el Manifiesto Comunista para aplicarlo en Inglaterra y Alemania, países industriales en esos tiempos, y, sin embargo, se aplicó en una Rusia feudal a partir de 1917; primer error. Cierto que la enorme brecha entre la aristocracia del emperador Romanov y el pueblo hambriento ruso llevó al país a ser el conejillo de indias de este sistema socialista que no previó las pasiones del ser humano como son el deseo de poder, el ego, la envidia, el miedo. Los rusos desarrollaron una capacidad esquizofrénica para salvar sus vidas, mintiendo, hablando bajito, culpando al vecino, espiándose unos a otros. Un infierno peor que la pobreza.   

 

Si le parece que, en los días de hoy, en México, los narcotraficantes matan por matar, documéntese sobre Stalin, y verá que lo que sucede aquí es una novela rosa. Stalin es uno de los grandes asesinos de la historia, eliminó a casi todos los líderes de su Ejército Rojo por su paranoia sobre un complot para derrotarlo; el movimiento fue llamado La Gran Purga;  y si quiere conocer hasta donde llegan los instintos de un líder, que una vez fue esperanza de un pueblo pobre, y además es usted muy feliz y quiere deprimirse un poco, lea El fiel Ruslán de Gueorgui Vladímovn  y se pondrá a rezar de agradecimiento por la suerte de no haber nacido en Rusia en aquellos años. Escoger esta filosofía donde el Estado es dueño de todo llevó a Rusia a matar 20 millones de su propia gente. Más o menos veinte veces la población de nuestra linda Chihuahua muertos por un idealismo equivocado.  

Los principios básicos del socialismo son cinco: el primero es el fin de la propiedad privada, donde ni siquiera su champú (si es que hay) es suyo, sino de la comunidad. El segundo es el fin del empresariado, el gobierno es dueño de todo, cosa que ya sucedió aquí en Chihuahua con Echeverría y López Portillo cuando se expropiaron bancos y empresas; puede usted preguntar por el banco chihuahuense Comermex y verá que no queda ni el polvo. El tercer principio es la eliminación de las clases sociales, no hay ricos, ser jodido es lo correcto, aunque no haya orgullo en la falta de zapatos.

En el cuarto principio las herencias son para el Estado.

 

El quinto punto exige que las comunicaciones y transportes sean estatales. Así que adiós libertad de prensa.

Es larga la historia de las crueldades del socialismo:  las comunas, el archipiélago Gulag, la tonta Guerra Fría, Chernóbyl, el comunismo chino, el genocidio de Tíbet (descrito en mi novela Un Rayo en la Pradera) y treinta países más que lo han impuesto sin salir bien librados. Lo único que si podemos afirmar es que un presidente socialista se convierte en dictador, tal como sucede ahora en Rusia, Cuba y Venezuela, entre otros.

Querido lector, no hay un sistema o filosofía económica para que todos seamos de la misma clase social, y nadie quiere ser igual que su vecino. Yo quisiera, como usted, que en mi país los políticos pusieran el corazón en mejorarlo, no las manos para despojarlo, y que haya ese gran cambio que hace veinte años prometió el PAN, y ahora lo hace Morena, pero no soy ingenua, pocos políticos están educados en la honradez y en la compasión al que menos tiene.  Nuestra idiosincrasia está marcada con la corrupción y para acabar con ella se necesita educación. Educar a esas nuevas generaciones, darles las armas para que, aunque no vean el ejemplo, sepan distinguir en ser íntegros o rufianes, sobre todo cuando accedan a puestos públicos.

 

En estos días de confusión electoral es bueno aplicarse a observar la política en el mundo, tenemos a la suerte de nuestro lado: ya sabemos que el socialismo es un sistema fallido, planeado para la sociedad inglesa de 1848 y no funciona. Entonces elija, usted, al candidato que le permita conservar los bienes por los que se ha esforzado, estudiado y trabajado y siga adelante. 

 

www.silviagonzalez.com.mx

 

 

 

 

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