© 2019 Silvia González Delgado

Sacrificar a los inconformes en pro de la paz

 

 

Ver la historia de lejos, y desde arriba, en Tlatelolco 68, nos hace sopesar lo que pudo haber pasado si el movimiento no se hubiera detenido de golpe con esa masacre.  Quién sabe hasta dónde se hubieran extendido las justas peticiones de los estudiantes y la terquedad de un sistema dictatorial; quién sabe si de seguir el movimiento las consecuencias pudieran haber sido una guerrilla eterna, otra revolución, guerra civil, hambruna, más retraso.   Este suceso fue doloroso, pero, viéndolo en retrospectiva, efectivo para la paz política social que precede hasta hoy; paz barata, pero en fin paz (como mujer siempre compro la paz barata porque exigir justicia en un país misógino me ha metido en graves problemas familiares)

 

García Márquez escribió que el General Aureliano Buendía hizo una larga revolución contra el Gobierno, y cuando se cansó de pelear pactó la paz, luego, se dedicó a eliminar a los inconformes (de sus propias filas), y así fue como llevó a cabo las peores matanzas y sacrificó a más de sus seguidores que a enemigos. Recuerdo el click mental, la sinapsis que me provocó saber que la guerra no tiene  razón de ser.    

 

Los jóvenes, en 1968, eran una mecha empapada de rebeldía e ilusión y querían cambiar al mundo (como si no cambiara por sí mismo),  en la ciudad de México pedían que liberaran a sus amigos encarcelados por un pleito previo, en otros lados exigían mejor educación, luego los comunistas (que siempre la defecan desde que a Marx se le ocurrió que teníamos que ser iguales en  esta hermosa Tierra en la que no hay una huella digital igual) quisieron sumar adeptos a su causa y se idealizó la sociedad perfecta donde todos comeríamos igual, vestiríamos uniforme, haríamos el amor en la calle sin que nadie se excitara y trabajaríamos, plenos de felicidad, para un papá gobierno justo: la gran utopía, pero eso puso el fuego en la mecha.

 

Observando el pasado sin pasiones, sin deseos justificados de justicia, desde arriba, en tercera persona: hubo un sacrificio a los dioses en Tlatelolco, en consecuencia, muchos de nosotros crecimos en una paz social nada despreciable.

 

 Que salgan a las calles con propuestas para no repetir este acontecimiento, con mantas que diga cómo evitarlo.  Los porqués solo echan sal a las heridas. los cómos son los efectivos. 

 

 

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